Lo que comemos nos cambia el estado de ánimo

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El cerebro sólo representa el 2,5% del peso total de nuestro cuerpo, sin embargo es responsable del consumo del 20% de la energía que extraemos de los alimentos que consumimos.

 Para el funcionamiento del cerebro tan sólo se necesita oxígeno y glucosa, pero para garantizar el correcto desarrollo de las funciones de la mente como la memoria, la concentración o el pensamiento requiere de otros nutrientes. Una alimentación no equilibrada puede producir carencias no sólo físicas, si no otros síntomas como apatía, irritabilidad, nerviosismo, cansando, falta de concentración e incluso depresión.

En el cerebro se encuentran el 90% de las neuronas de nuestro cuerpo. Algunos de los nutrientes que ingerimos con los alimentos desempeñan una labor específica en el funcionamiento del cerebro y de las neuronas.

La glucosa es el nutriente principal del que se nutre el cerebro. Por ello es esencial mantener estable su nivel en sangre, a través del consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono complejos como el pan, arroz, patatas, legumbres, frutas… Por eso una falta de glucosa en sangre puede ser la causa del nerviosismo, la irritabilidad, el cansancio, la falta de concentración o incluso mareos.

La serotonina es muy abundante en las áreas del cerebro que dirigen el estado de ánimo y el afecto, y por tanto, los cambios en los niveles de esta sustancia afectan al ánimo. Además actúa como el reloj interno de nuestro cuerpo, y determina nuestros ciclos de sueño y de vigilia.

Las vitaminas del grupo B, especialmente la B1, B6 y B12 son las que más influyen en el correcto funcionamiento del sistema nervioso. La escasez de este grupo de vitaminas puede provocar irritabilidad, nerviosismo, falta de concentración y de memoria, trastornos neurológicos.

La deficiencia en hierro se relaciona con una menor capacidad de concentración, de atención y de memoria y menor rendimiento escolar o laboral.

Además de los alimentos que nutren y favorecen el funcionamiento normal del sistema nervioso, también hay otros que contienen sustancias excitantes que pueden acelerar su actividad provocando nerviosismo o agravando la excitación. Algunos de los estimulantes más comunes son la cafeína, la teína, el ginseng, el alcohol… Las sustancias estimulantes excitan el cerebro pero no nutren y su uso continuado y exagerado acaba produciendo desgaste nervioso, agotamiento y falta de adaptación al estrés.

No es difícil mantener una buena alimentación, al final la lógica y el sentido común marcan un poco qué se debe comer en cada momento. ¡¡Dime qué comes y te diré como estás!